Esta es la historia de una judía alemana
que no fue consciente de que lo era hasta que Hitler curó su ceguera, a la que
atraía más la Navidad que las fiestas hebreas, que tuvo tres hijos con otros
tantos arios de pura cepa, que apuró hasta la última gota del desmadre de
creatividad y libertades de los locos años veinte, que creía en el amor libre y
lo practicaba sin reservas morales, y que vio cómo se hundía su mundo ideal y
gozoso en la sima del horror del holocausto nazi.
Se llamaba Else, y su hija Angelika
Schrobsdorff escribió décadas después de su muerte en 1949, una
memoria-homenaje, que se lee como la más entretenida e interesante de las
ficciones y que, muy acertadamente, tituló Tú no eres como otras madres. Dos
sellos artesanales (Periférica y Errata Naturae) se han unido para publicar la
obra en castellano, en una cuidada edición que, desde su primera impresión el
pasado marzo, ha alcanzado un notable éxito de ventas y el unánime elogio de la
crítica.
La primera parte del libro es un
canto a la gloria de vivir sin ataduras ni convencionalismos, a la transgresión
y la sexualidad desinhibida, a la exuberancia cultural, una loa a los locos
años veinte, esa época irrepetible con la que se pretendía conjurar los
fantasmas de una guerra reciente sin caer en la cuenta de que se sentaban las
bases de otro conflicto aún más horrible, el más mortífero que vieron los
siglos.
La capital alemana, quizá junto a
París, se convirtió en el principal foco de esa luminaria. Fue el “preludio de
una época nueva, moderna y emancipada que no tuvo oportunidad” de consolidarse
porque antes de lograrlo la alcanzó la “grandiosa danza de la muerte”. Señala
la autora de este libro singular: “La cantidad de gigantes del arte y del
intelecto que el Berlín de entonces escupió de la noche a la mañana es simplemente
increíble. La mitad de ellos eran judíos y conseguimos matarlo todo: a los
judíos, el arte y el intelecto”.
Else y sus tres hijos tardaron en
darse cuenta de que el ascenso de Hitler y su posterior llegada al poder
significaban una condena de muerte para el mundo tal y como lo conocían, además
de para ellos mismos, que nunca se habían detenido a pensar que ellos, como
judíos o medio judíos, podían no ser unos alemanes como todos los demás. Había
de pasar aún bastante tiempo hasta que, ya en el exilio de Bulgaria, Else
dijera a la adolescente y mestiza de primer grado Angelika (nacida en 1927):
“Es peligroso y equivocado rechazar lo que uno es. Puedes empeñarte en que no,
pero no dejarás de serlo”.
Solo Peter, el hermano mayor, fue
precozmente consciente de su condición, al extremo de abandonar el país,
declararse judío al cien por cien y, tras penalidades sin cuento, acabar sus
días en el campo de batalla, en las filas del ejército de la Francia libre. En
cambio, la otra hermana, Bettina, más por ignorancia que por convicción –como
un pedazo de pan, abnegada hija, esposa y madre- pasó por una época de fervor
nazi, para espanto de su familia.
Angelika, la menor, la más parecida
a su madre, tardó en convencerse (si es que lo hizo alguna vez) de que era más judía
que alemana, pese a que amase la lengua, la cultura e incluso hasta cierto
punto la religión alemanas. Tras la derrota de Hitler, volvió al país, luego
vivió un tiempo en Israel y se casó con Claude Lanzmann, director de la
aclamada película Shoah. Hoy, a sus 89 años, vive de nuevo en Berlín el que un
dia fue feliz y despreocupada y, gracias sobre todo a Tú no eres como otras
madres, está considerada como una de las cumbres de la literatura germana del
siglo XX.
Para 1938, incluso antes de la
llamada Noche de los Cristales Rotos (9 de noviembre), incluso quien no quería
abrir los ojos no tuvo más remedio que entender que la deriva hitleriana
conducía a una persecución sistemática de los judíos: prohibición de asistir a
teatros, cines, exposiciones y conciertos; retirada del carné de conducir;
exclusión de la universidad; enajenación de sus empresas; obligación de
entregar joyas y títulos de valor; retirada de los nombres hebreos del
callejero; conversión de los médicos en meros “sanadores de enfermos”; tarjetas
de identidades especiales; “prestación de desagravio” a pagar al Estado y a
cargo de toda la comunidad, comienzo poco visible de los internamientos en
campos… Y lo peor estaba por llegar: el horror absoluto y abominable que
convirtió en una obviedad la famosa frase de Schopenhauer: “Desde que conozco
al hombre, amo a los animales”.
Tú no eres como otras madres no es
otro libro más sobre el ascenso de Hitler al poder y la persecución a los
judíos. De hecho, más de la mitad de sus páginas transcurren casi ajenas a lo
que se estaba cociendo en Alemania y que terminaría alterando el curso de la
historiando. Angelika Schrobsdorff rinde aquí un sentido homenaje a su madre,
que fue un espíritu libre durante la mayor parte de su vida, hasta que la tragedia
y la enfermedad la abatieron, que marcó a cuantos la conocieron e incluso a
quienes la sufrieron por su chispa indefinible, su alegría y entusiasmo, su
desprecio de los convencionalismos y su contagioso amor a lo mejor que puede
ofrecer la vida, pero también en ocasiones por su inconstancia, su egoísmo y su
falta de fidelidad a quienes solo veían por sus ojos.
Amó y engañó a muchos hombres,
aunque solo le dejaron huella los padres de sus tres hijos, y estos siempre le
guardaron devoción, incluso cuando su vida exagerada le impedía prestarles la
atención que requerían. Es, en fin, un personaje de novela, poliédrico y
conmovedor.
El cataclismo hitleriano arrastró
todo lo que encontró a su paso, y el sufrimiento de Else y de su familia
palidece quizá frente a otras historias del holocausto. No hay en Tú no eres
como otras madres descripciones naturalistas de la persecución a los judíos en
Alemania y los horrores de los campos de exterminio. Solo el reflejo del efecto
demoledor sobre una familia burguesa e ilustrada, del hundimiento del mundo
perfecto y tolerante en el que creían vivir, pero que apenas era un sueño que
se desvaneció de un soplo dejando tras de sí un vacío desolador. Angelika
Schrobsdorff relata con magistral pulso literario ese vivir en una nube de
gloriosa irrealidad y la ulterior y demencial caída a los infiernos.
Pocos libros como éste valen lo que
cuestan.
De los locos años veinte al holocausto nazi
10/Oct/2016
Público, España